Qué pena mujer, no he sabido hacerte feliz,
no he sido para ti otra cosa que tormento,
por mi locura estaba ciego, que sufrimiento.
No pude ver que nunca quisiste ser la actriz
del guión de mi vida, en el que eras emperatriz;
la existencia un farol, el mundo un experimento,
tus ojos, el centro del Universo un momento,
momento que acabó al perder la directriz.
Sólo quise darte todo ¿en qué he fracasado?
Sólo quise morir por ti, pero sigo vivo.
¿Qué esperanza me mantiene siempre al suelo atado?
¿Qué puñales me clavan que siempre los esquivo?
¿Qué me impide suicidarme si estoy tan chalado?
¡Qué se lleve mi alma el diablo y me deje el recibo!

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